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Neuroeconomía y el arte de decidir

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Suena complejo eso de la Neuroeconomía, sin embargo quizás pueda reducirse simplemente a analizar el por qué nos comportamos de cierta manera o tomamos algunas decisiones. Al final, la vida es eso, un puñado de buenas y malas decisiones. Hay un puente que no es fácil de distinguir entre la matemática y la psicología, en esa dirección también está la economía y todo ello en conjunto empuja a la política y a las sociedades.

Es demasiado complejo tratar de comprender qué ocurre en el cerebro cuando apostamos o decidimos, y sobre todo por qué algunas personas son tan patosas en el proceso, y sin embargo otras suelen acertar más o menos en el blanco.

En mi caso, nunca quise estudiar matemáticas, e incluso me resulta aburrido buscar los símbolos matemáticos en el teclado. Yo no sé de matemáticas, pero comencé a investigar sobre la cognición numérica y había algo en ella que me apasionaba. Tampoco nunca quise estudiar los mercados, ni formar parte del mundo corporativo, sin embargo tras descubrir el poder del comportamiento de masas y elección de compra y adquisición que mostramos los humanos y el impacto que todo ello genera en la sociedad, la curiosidad se apoderó de mí.

¿Cómo surgió esto de la Neuroeconomía?

Me encantaría leer alguna vez que la psicología o interés científico nació con afán altruista, pero por más que busco siempre encuentro una revolución económica (en este caso la de los años 30), guerras y luchas de clase. La neuroeconomía nació de la necesidad de comprender la conducta de una nación en cuanto a consumidores y productores a nivel de mercado.

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Posters – Revolución Industrial

En los años 30, el comportamiento de elección se explicaba en base a axiomas matemáticos que poco tenía que ver con la psicología o la neurociencia. Algunas teorías o postulados más conocidos son el WARP; Weak Axiom of Revealed Preference y el GARP; Generalized Axiom of Revealed Preferences.

La psicología volvió a tener peso en la toma de decisiones de mercado cuando los pensadores neoclásicos comenzaron a desarrollar teorías nuevas para comprender y predecir la elección. Así por ejemplo nació el conocidísimo “Equilibrio Competitivo General”, un sistema mediante el cual se definen los precios y las cantidades de todos los bienes haciendo coincidir la oferta y la demanda.

En los años 50, Friedman escribió un libro muy interesante “The Methodology of positive Economics” en el cual, a través de diferentes estudios demostraba que los diferentes agentes económicos violaban los principios de la elección racional.
En los años 60, el conocidísimo Daniel Ellsberg describió “la paradoja de Allais”, mediante el cual demostraba como la “ambigüedad” o el “peso de la evidencia” que soporta un juicio de probabilidad de evento puede influir en el resultado de la toma de decisiones. En muchas ocasiones el error no viene determinado por un fallo en el cálculo de probabilidad sino más bien por un cambio en las prioridades de elección, al existir un resultado que predecimos como inesperado.

Los economistas conductuales: Daniel Kahneman y Amos Tversky

En los años 70 Kahneman y Tvesky pusieron en duda el modelo simplista de cálculo racional en la toma de decisiones y comenzaron a introducir mis elementos favoritos en la ecuación: la voluntad y el interés individual. El ser humano no es una máquina 100% predecible y por tanto tampoco sus elecciones.
La teoría de la prospectiva pretende describir cómo las personas en situaciones de riesgo toman decisiones y evalúan posibles pérdidas y ganancias. También describieron el efecto que tiene el “framing” en este proceso.
Las decisiones consideradas como sencillas se llevan a cabo de forma automática, debido a que demandan pocos recursos de procesamiento cognitivo. Otras sin embargo, son consideradas como difíciles, por lo que conllevan un arduo proceso de evaluación de resultados de cada una de las alternativas. El ser humano, tiende a utilizar “atajos mentales”, que los psicólogos conocemos como heurísticos que en muchas ocasiones nos ahorran tiempo pero nos conducen a errores sistemáticos en la toma de decisiones.
Alguno de estos heurísticos son el de representatividad, que tiene que ver con la elaboración de estereotipos sociales, el de accesibilidad que subyace a la correlación ilusoria de variables y el heurístico de ajuste y anclaje. Además, las personas solemos tomar decisiones en base a la información que está más accesible y es más congruente para nosotros.

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Año 1900, Estereotipos Sociales en la Sociedad Americana

La neurociencia cognitiva y la toma de decisiones

Existen dos modelos fundamentales en el avance de la neurociencia cognitiva. Por un lado el modelo neurológico, fruto del estudio de pacientes que habían sufrido algún tipo de daño cerebral, identificando las zonas de cerebro responsables y funciones asociadas a las mismas y el modelo fisiológico que mostraba interés por medir potenciales evocados, flujo sanguíneo, neurotransmisores y la relación de estos con eventos/circunstancias del mundo exterior.

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Ilustración antigua; Estudio del Cerebro

Durante los años 70 y 80 se produjo un avance extraordinario en cuanto a las técnicas de estudio de estas disciplinas, permitiendo garantizar cada vez más el rigor científico y el diseño de estudios no invasivos en humanos. En los años 90 se produjo una revolución en el estudio del cerebro humano y los científicos comenzaron a mostrar especial interés por vincular la actividad neuronal con el comportamiento.

En esa dirección William Newsome y J. Anthony Movshon consiguieron demostrar de forma muy controvertida que la actividad neuronal en ciertas áreas del cerebro en monos se podía vincular con conductas de elección. Ya en los años 90, Antonio Damasio y Antonie Bechara retoman el caso de Phineas Gage (1848) y comenzaron a investigar la relación existente entre los lóbulos frontales y el proceso de toma de decisiones. En el año 1992, Bandelttini, Kwong y Ogawa y sus colaboradores publicaron los primeros artículos científicos utilizando resonancia magnética funcional, que permitía medir los correlatos neuronales mientras los sujetos de estudio llevaban a cabo diferentes actividades cognitivas (entre ellas la toma de decisiones).

Desde el año 2000 se produce la consolidación de la Neuroeconomía como disciplina. Diferentes profesionales de todo el mundo: economistas, neurólogos y psicólogos cognitivos entre otros, han llevado a cabo diferentes investigaciones que permiten (casi ) comprender cómo el funcionamiento de nuestros cerebros incide en las conductas de elección y toma de decisiones. En el año 2014 Paul W. Glimcher y Ernst Fehr publicaron un libro Neuroeconomics: Decision Making and the Brain que resume todo este avance científico de los últimos 10 años.

Neuroeconomía de la vida cotidiana

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El decidir en el día a día

Bien ¿y para qué sirve? Se supone que la neuroeconomía debería ayudarnos a comprender las razones por las cuales el ser humano actúa y toma determinadas decisiones, muchas veces de forma desafortunada o irracional. Debería ayudarnos a invertir mejor – nuestro tiempo, nuestras finanzas, nuestras relaciones personales, nuestras conductas sociales y altruistas.

¿Qué papel ocupa entonces la intuición?
¿Cómo se relaciona la teoría de la mente con el proceso de toma de decisiones?
¿Cómo interviene la emoción?
¿Podemos enseñar a los niños a calcular mejor probabilidades y por tanto tomar mejores decisiones?

Mi profesora de matemáticas siempre me repetía en clase lo malos que éramos los niños y las personas en general en matemáticas. Quizás ello sea extrapolable a las dificultades que tenemos en el cálculo probabilístico a la hora de evaluar alternativas de acción o soluciones a diferentes problemas. Las personas tendemos a confiar demasiado en la intuición y poco en la reflexión y en el análisis. A mí todo esto me sigue quedando poco claro, y sinceramente espero que todo el mundo se equivoque alguna que otra vez porque, ¿qué es si no la vida? Un cúmulo de toma de decisiones. Eso sí, intenten tomar siempre la más acertada aunque vayan a equivocarse, busquen diferentes alternativas, salgan fuera de caja y de aquello que les viene preestablecido, huyan de las medio-soluciones fáciles, no copien las alternativas de los demás. Ponderen… ponderen mucho, y no… si se lo estaban preguntando, para ello no hace falta que ignoren el corazón.

Muchas gracias por leer

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Autor: Lorena Álvarez

Licenciada en psicología por la universidad de Santiago de Compostela. Me especialicé con estudios de máster en psicología clínica y también organizacional. He trabajado siempre en campos relacionados con la psicología, tanto a nivel nacional como internacional. Mi especialidad es la psicología cognitiva, aplicada a contextos de educación y aprendizaje, área en la que continúo formándome. Actualmente trabajo como orientadora y colaboro en diferentes proyectos de desarrollo a nivel internacional. Mis aficiones son la escritura y arte, he colaborado en algunos proyectos de producción literaria así como artística. También me apasiona la ciencia, filosofía y la antropología. Mi pasión es el conocimiento de la conducta humana, viajar y descubrir nuevas culturas y formas de vida me ha permitido comprender la diversidad y los entresijos de la existencia. Me encanta trabajar con y para las personas, y eso es lo que mantiene motivada y entregada a las pequeñas cosas a las que dedico mi tiempo cada día.

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