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La disfunción cerebral y signos neurológicos menores

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Heinz Werner (psicólogo evolutivo) y Levis Strauss (neuropsiquiatra) estudiaron en el año 1940 el retraso mental y el daño cerebral. Levis Strauss fue el primero en describir las dificultades de aprendizaje (LD). Rompía con el estigma de que las personas con dificultades eran incapaces para emprender, defendía que la información llegaba de forma distinta al cerebro y que ello no impediría alcanzar el éxito académico o profesional.

Thomas Edison, Albert Einstein, Beethoven, Louis Pasteur, Woodrow Wilson, Winston Churchill, y Nelson Rockefeller supieron compensar sus dificultades de aprendizaje

El término de disfunción cerebral mínima fue utilizado por primera vez por Strauss refiriéndose a los niños que habían sufrido disfunción cerebral temprana.

En contra de lo que se suele pensar, las dificultades de aprendizaje pueden cursar con un CI en torno a la media o incluso superior. Sin embargo estas dificultades para aprender o conductuales corresponden a una disfunción del sistema nervioso. Estas dificultades consisten en trastornos de la percepción, lenguaje, atención, memoria, control de impulsos, disfunción motora etc.

El riesgo a que se produzca esta disfunción depende de diferentes factores, tanto biológicos como ambientales (enfermedades de tipo genético, etapa perinatal y otros factores como la malnutrición o la deprivación afectiva y sensorial).

En estrecha relación con la disfunción cerebral mínima infantil se encuentra el concepto de signos neurológicos menores (soft neurological signs), introducidos en la literatura de la psicología alrededor del año 1960. Se comenzó a evaluar diferentes signos sensoriales y motores que indicarían una disfunción cerebral como por ejemplo la pobre coordinación, alteraciones del tono muscular y postural, estrabismo, dificultades para el reconocimiento táctil así como movimientos en espejo.

Citando a Tupper (1987) los signos neurológicos menores son la expresión neuroconductual y electroencefalográfica de la disfunción cerebral infantil.

Progresivamente hemos incorporado la evaluación de las funciones cognitivas. Todos estos signos de disfunción pueden presentarse en diferentes patologías, desde signos inequívocos de un daño cerebral, retraso en el desarrollo o inmadurez neurológica evolutiva a anormalidades ligeras muy difíciles de definir y que habitualmente presentan una etiología mixta.
Habitualmente los signos neurológicos mayores se pueden evidenciar mediante observación clínica, test neuropsicológicos y técnicas de neuroimagen. Algunos ejemplos son la presencia de tumor cerebral, hemiplejía, parálisis cerebral, epilepsia y etc. Por regla general están asociados a discapacidades más graves. Es importante tener en cuenta que no todas las lesiones cerebrales producen síntomas de temprana aparición, si no que por regla general se muestran como “periodos silenciosos” que posteriormente en edad escolar aparecen en forma de problema. La identificación precoz de estas “anomalías” nos permitiría evitar el posterior fracaso escolar y mejorar la calidad de vida de estos niños y familias.

Según Portellano, los signos neurológicos menores más frecuentes se podrían clasificar en los siguientes:

  • Trastornos psicomotores

Hiperactividad, alteraciones del tono muscular, reflejos anormales o asimétricos, trastornos de la coordinación y del equilibrio, trasornos de la motricidad fina y gruesa, otros trastornos motores (sincinesias, nistagmo, temblores etc.)

  • Trastornos sensorioperceptivos

Agnosias (visuales, espaciales, auditivas, táctiles), trastornos visoperceptivos, desorientación espacial, déficit en la discriminación audioperceptiva y alteraciones del esquema corporal.

  • Otros signos

Trastornos del lenguaje, dificultades de aprendizaje, alteración de los procesos cognitivos, alteraciones en la exploración neurofisológica y alteraciones en la conducta.

A través de una adecuada exploración neuropsicológica infantil y analizando la anamnesis del niño se pueden diseñar programas de aprendizaje enriquecidos (y/o programas de rehabilitación neuropsicológica) que aprovechando la plasticidad neural del SN infantil ayudará a prevenir el fracaso escolar, así como las conductas inadaptadas tanto en el hogar como en la escuela.

Aicardi, J. (1992). Diseases of the nervious system in childhood. Clinics in Developmental Medicine, 115-118. London: Cambridge University Press

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Autor: Lorena Álvarez

Licenciada en psicología por la universidad de Santiago de Compostela. Me especialicé con estudios de máster en psicología clínica y también organizacional. He trabajado siempre en campos relacionados con la psicología, tanto a nivel nacional como internacional. Mi especialidad es la psicología cognitiva, aplicada a contextos de educación y aprendizaje, área en la que continúo formándome. Actualmente trabajo como orientadora y colaboro en diferentes proyectos de desarrollo a nivel internacional. Mis aficiones son la escritura y arte, he colaborado en algunos proyectos de producción literaria así como artística. También me apasiona la ciencia, filosofía y la antropología. Mi pasión es el conocimiento de la conducta humana, viajar y descubrir nuevas culturas y formas de vida me ha permitido comprender la diversidad y los entresijos de la existencia. Me encanta trabajar con y para las personas, y eso es lo que mantiene motivada y entregada a las pequeñas cosas a las que dedico mi tiempo cada día.

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