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Café doble con un etólogo: ¿Cómo desarrollamos nuestras emociones?

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De las conversaciones más inesperadas, en los contextos más informales, con personas desconocidas también se puede aprender. Aprender lo inesperado. Así, con una conversación inesperada, en un aeropuerto en Londres, con un señor desconocido comenzó este pequeño post.

 La etología  es el estudio científico de la conducta animal en el entorno natural, incluyendo sus orígenes evolutivos y su impacto sobre la supervivencia. Los etólogos se encuentran a medio camino entre la biología y la psicología experimental, que estudia la conducta de los animales (dónde bien podríamos incluir al ser humano) en el medio natural dónde se encuentran.

Si analizamos la palabra que proviene del griego, ηθος  (ethos) se traduciría como costumbre, y λóγος (logos) se traduciría como razonamiento, estudio o ciencia.

 ¿Estamos los humanos programados evolutivamente para expresar emociones? ¿De dónde viene la ira el enfado y la tristeza? ¿Hay bebés tristes? ¿Qué papel cumple la educación en todo esto? ¿Cuándo empieza a sentir un humano orgullo, confianza o celos? Los profesionales de la psicología y también los etólogos se han preguntado estas cuestiones a lo largo de los años. En este pequeño artículo resumiré brevemente algunas ideas que personalmente considero muy interesantes.

 ¿En qué consiste la perspectiva etológica del desarrollo de las emociones?

Según los etólogos los bebés poseen una tendencia natural a buscar la seguridad y protección en el cuidador a través de las emociones. Nuestra programación evolutiva está dirigida a promover la crianza y la supervivencia (por ejemplo el llanto). Los cuidadores están también estimulados emocional y fisiológicamente para atender el llanto y la sonrisa de un bebé. Un porcentaje elevadísimo de las personas percibimos ternura ante los rasgos faciales y sonidos que emite un bebé, y así nos hemos garantizado la supervivencia de la especie humana. Por eso los publicitas utilizan la imagen de los bebés para vender, porque capta instintivamente nuestra atención.

 ¿Existe un patrón universal para las emociones?

Parece ser que en todas las culturas existen expresiones faciales que se entienden de forma universal. En todas las sociedades reconocen la tristeza, la ira, enfado, sorpresa o alegría. Esto podría indicar que la expresión emocional básica es innata. Sin embargo también se sabe que las expresiones faciales no son indicadores infalibles de la emoción (por lo que suelen analizarse en conjunto con vocalizaciones y movimientos del cuerpo).

 ¿Cómo evolucionan las emociones?

Las emociones más básicas son la sonrisa (la sonrisa social comienza a partir de las 6 semanas de vida) y el llanto que denota incomodad o algún tipo de necesidad (o llamada de atención). Es a partir de los 6-9 meses de edad cuando podemos contemplar en los bebés las primeras manifestaciones de emociones de forma más selectiva y variada. De hecho el niño suele desarrollar una ansiedad por separación muy marcada hasta los 14 meses de edad (promovido por su instinto de supervivencia).

 ¿Pueden los bebés leer nuestras emociones?

SI. Se ha demostrado que los bebés con 2 meses de edad pueden responder a la tristeza de la madre. Los bebés copian las emociones que ven el rostro de la madre, por eso todas las personas que hemos sostenido en brazos a un bebé que ha estado privado de protección física o emocional tienen esa apariencia tan triste, y les cuesta más mantener el contacto ocular.

A los 8 meses de edad los niños pueden comprender los mensajes que emitimos, porque pueden analizar el tono, entonación, secuencia temporal etc. Saben perfectamente cuando estamos enfadados o mostramos inestabilidad.

 ¿Nos copian los bebés?

SI. Concretamente buscan “pistas emocionales” en los cuidadores ante situaciones extrañas. Esto consiste en mirar a los adultos en los que confía para “comprender lo que está ocurriendo”. Un ejemplo muy claro es cuando un niño se cae y no se hace daño, mira la madre, si la madre se ríe él niño estalla a reír. Si la madre se asusta y le grita, el niño llora desconsoladamente.

A los 12 meses de edad los niños imitarán todos vuestros miedos, gustos etc.

 ¿Cuándo aparecen los celos, culpa, vergüenza en un bebé? ¿De dónde vienen esas emociones?

A partir del conocimiento del propio “Yo en el mundo”. Los bebés cuando son muy pequeños no tienen sentido del yo, se ven a ellos mismos como una prolongación de su madre o de su padre. A los 8 meses de edad comienzan a saber que “sus pies les pertenecen”, este descubrimiento se lleva a cabo a través de los movimientos motores en el espacio (se muerden los pies) y del desarrollo perceptivo y cognitivo. Todo esto está ligado a la madurez cerebral del niño.  Es a partir de los 15 – 24 meses cuando los niños comienzan a identificarse (adquieren autoconciencia), saben que son seres vivos diferentes a los demás. A partir de entonces es cuando comienza a desarrollarse la moral en las personas, comienzan a ser autocríticos y a experimentar vergüenza o culpa. También orgullo por los propios logros (-. ¡Me he atado los cordones solo!) y comienza a desarrollarse la empatía y conductas de ayuda por los demás.

 ¿Es todo innato? ¿Por qué unos bebés sienten más emociones negativas que otros?

Estamos predispuestos biológicamente, pero no es 100% innato. Las emociones son fruto de la interacción social. Estará muy relacionado con el tipo de interacción que mantengan los padres con los bebés (desarrollo del autocontrol y la autosuficiencia) así como la cultura. Los hábitos sociales se derivan de los valores sociales en los que vive la familia. Esto explicaría por qué somos emocionalmente distintos las personas de diferentes países, y por qué las personas con carencias afectivas durante la infancia muestran ciertas conductas de desconfianza o defensa en el futuro.

 ¿Cómo se configura la personalidad? ¿Cómo nos diferenciamos entre nosotros?

Existen muchas teorías psicológicas que hablan sobre el desarrollo de la personalidad. Hay autores que hablan de la existencia de un “temperamento” que viene determinado por la herencia genética (McCall, Goldsmith y Cols). La perspectiva psicoanalista nos habla de oralidad- analidad y de los conflictos personales que se desarrollan a lo largo de estas etapas. A partir de esta teoría se desarrollaron otras más modernas y desde mi punto de vista más interesantes relacionadas con el estilo de crianza (confianza vs desconfianza, autonomía vs vergüenza, separación vs individualización) desarrolladas por Erikson y Mahler.

La teoría conductista defiende que la personalidad también se adquiere por modelado de conducta (Watson), y que el aprendizaje de ciertas conductas va a definir en el futuro los rasgos de personalidad del niño, por ejemplo la confianza  o tendencia a la posesión). El aprendizaje social defiende que los niños copian e imitan los rasgos de personalidad de los padres llegando a internalizarlos. Las corrientes conductistas actuales asumen ciertas limitaciones biológicas y del contexto social.

La naturaleza humana se caracteriza por un amplio potencial que se puede configurar gracias a la experiencia directa e indirecta en una gran variedad de formasBandura.

 Conclusiones

Los padres no solo educan y enseñan habilidades a sus hijos, si no que son sus educadores emocionales. Muchos ignoran este papel tan importante (seguridad, autocontrol, confianza etc)

Emoción- cognición y conducta van inevitablemente unidos y configuran el “ser en el mundo” de las personas.

En el proceso terapéutico es muy importante conocer cómo se desarrollan las emociones en el niño, porque nuestro yo en pasado tiene mucho que ver con nuestro yo en el presente.

Cuando hablamos de carencias, no solo hemos de contemplar las físicas o sociales sino las emocionales.

 

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Autor: Lorena Álvarez

Licenciada en psicología por la universidad de Santiago de Compostela. Me especialicé con estudios de máster en psicología clínica y también organizacional. He trabajado siempre en campos relacionados con la psicología, tanto a nivel nacional como internacional. Mi especialidad es la psicología cognitiva, aplicada a contextos de educación y aprendizaje, área en la que continúo formándome. Actualmente trabajo como orientadora y colaboro en diferentes proyectos de desarrollo a nivel internacional. Mis aficiones son la escritura y arte, he colaborado en algunos proyectos de producción literaria así como artística. También me apasiona la ciencia, filosofía y la antropología. Mi pasión es el conocimiento de la conducta humana, viajar y descubrir nuevas culturas y formas de vida me ha permitido comprender la diversidad y los entresijos de la existencia. Me encanta trabajar con y para las personas, y eso es lo que mantiene motivada y entregada a las pequeñas cosas a las que dedico mi tiempo cada día.

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