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Educación, Psicología & Ciencia

Nacidos para el mal

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En el último proyecto para el desarrollo en el que participé, tuve una experiencia realmente aterrorizante con un niño (o niña) de aproximadamente unos siete años. Digo aterrorizante no porque llegase a asustarme, si no porque aquel acontecimiento ocupó mi mente durante los siguientes días, y creo que fue más tarde cuando llegó el temor. Compartía mesa con una psicóloga italiana, un profesor español y una compañera de Latvia que había estudiado ADE y tenía experiencia en la gestión de proyectos sociales. Nos disponíamos a pagar la cuenta, cuando un niño se aproximó a pedirnos dinero y tocar nuestras pertenencias. Obviamente nuestra respuesta fue coger las cosas, a lo que el niño respondió con una conducta sorprendente, se quedó paralizado. Iba vestido con ropa sucia y deshilachada, sus manos estaban llenas de pequeños cortes, su piel estaba sucia y deshidratada. Era duro tener aquella imagen en frente. Los psicólogos y profesores acostumbran a tratar con situaciones difíciles, pero son situaciones esperadas en contextos más o menos controlados (consulta o centro), cuando ocurren en la vida real la reacción es distinta. Busqué el contacto ocular, y cuando esto se produjo sabía que reaccionaría con violencia. Ira descontrolada, es la palabra que definiría su conducta, rompió a pedazos la carta del menú mientras hacía caso omiso a nuestros intentos por calmarle (ni sabíamos que idioma hablaba). Como veía que aquel pequeño destrozo no bastaba, cogió dos vasos que había sobre la mesa y mientras regañaba los dientes y emitía algo así como un chillido nos amenazó con la mirada, – ¡voy a romper los vasos! – decían sus ojos. Obviamente nosotros no queríamos que el niño se cortase. Teníamos que parar aquella situación. Cuando le arrebatamos los vasos de las manos (con gran dificultad para ser un niño pequeño, lo que me hizo sospechar que podría ser mayor) intentamos retirar todos los objetos de cristal que había sobre la mesa y que estaban a su alcance, pero con un movimiento rápido consiguió hacerse con un cuchillo que estaba justo al otro lado.

Recuerdo las palabras de mi compañera – ¡Pero si solo es un niño!

Le cogí la muñeca con las manos e intenté quitarle el cuchillo, cuando por fin conseguí que soltase el cuchillo de forma segura, el niño gimió fingiendo que le había cortado (gritaba a pleno pulmón) pero comprobé que no tenía ni una sola gota de sangre. -. ¿Cómo podía mentir de aquella forma? ¿Me estaba chantajeando? ¿A caso quería atemorizarme dándome a entender que alguien vendría a socorrerlo?-. Decidí sentarme con calma, y el decidió irse. Volvió unos segundos más tarde con un objeto punzante “acuchillando” las plantas y las flores que estaban justo a nuestro lado… – ¡Miradme lo que hago! – decían sus miradas de soslayo. Fue entonces cuando el dueño del restaurante salió con un palo a ahuyentarlo (y ahí llegó mi verdadero temor). Mientras el niño huía emitía ciertos sonidos desordenados.

¿A caso, aquella criatura no sabía hablar? Me recordó a L´Enfant Sauvage de Aveyron

Mi colega italiana y yo, intentamos reconstruir los hechos, buscamos una explicación a la conducta de aquel niño (sociedad, cultura, pobreza, biología, estilo de crianza, retraso en el desarrollo…). No tuvimos mucho tiempo, recuerdo que cogí un vuelo con ella hacia Milán dónde no paramos de debatir sobre éste y muchos otros temas.

El post de hoy intenta dar respuesta a todos esos interrogantes que nos planteamos de vuelta en aquel turbulento vuelo a Milán. Se lo dedico a mi compañera, dondequiera que esté ahora.

Monton y Frith expusieron un modelo explicativo de la conducta agresiva en base a tres niveles: biología, cognición y conducta. Me resultó muy interesante y creo que encajaría a la perfección con este caso. A continuación se ofrece una brevísima explicación de los tres planos anterioremente citados.

1. ¿Existe un gen relacionado con las conductas patológicas? Biología.

genoma

La respuesta es SI. Feresin (2009) demostró que existe una variante de un gen MAOA-L que correlaciona de forma significativa con la agresión, conductas antisociales, hipersexualidad, conducta impulsiva, desorden del sueño y cambios de humor extremo (que se manifiesta de una forma clara en el síndrome de Brunner).

Sin embargo segundo un estudio desarrollado por Andreas Meyer (Instituto de salud mental de Manheim, Alemania) un 40% de la población podría poseer MAOA-L en su genoma.

– ¿Por qué es más frecuente en varones?

El MAOA está ligado al cromosoma X lo que implicaría que algunas mujeres con MAOA-L normalmente tendrán un alelo “normal” en el otro. Parece ser que las mujeres están menos predispuestas biológicamente a la agresión.

– ¿Existen evidencias neurológicas en el cerebro?

SI. Se han realizado diferentes estudios a personas con presencia de psicopatía y trastorno antisocial de la personalidad. Se encontró que el sistema límbico de estas personas es más pequeño (hipocampo, amígdala, cortex límbico y núcleo talámico anterior). Si exponemos a estas personas a actividades rutinarias, mostrarán una hiperactividad descontrolada en la amígdala (centro regulador de las emociones).

ImagenSi solo nos centrásemos en los datos genéticos, un 40% de la población mostraría conductas agresivas antisociales o psicopáticas.

Tan solo mostrarán este tipo de conducta aquellas personas que hayan sido expuestas a maltrato, situaciones traumáticas y violentas durante su infancia.

 

2. ¿Qué ocurre a nivel cognitivo?

Se ha demostrado que un notable deterioro en la memoria a largo plazo, en la falta de empatía e hiperreactividad injustificada ante tareas rutinarias. Viding y Frith estudiaron el impacto de la memoria emocional y las representaciones mentales de niños con conductas altamente agresivas. Mientras que un niño criado en un entorno pacífico tenderá a guardar recuerdos con imágenes positivas, se ha demostrado que la memoria emocional de estos pequeños está cargada de imágenes negativas (ni nos podemos imaginar cuanto). Lo cual activaría la “reacción agresiva” y dificultaría el control de reacciones impulsivas ante determinados estímulos.

Se ha demostrado que la conducta psicopática temprana se caracteriza por mentira patológica, encanto superficial, falta de empatía y culpa, tendencia al aburrimiento (por lo que buscan estimulación constantemente) y promiscuidad sexual.

3. La conducta agresiva

Como hemos visto la conducta agresiva puede estar relacionada tan solo con un déficit a controlar los impulsos, ataques de ira, amenazas, golpes a objetos. En el peor de los casos maltrato a personas o animales, llegando incluso al asesinato.

A nivel social, en el entorno de estos niños ocurre de todo. Es probable que la conducta antisocial o agresiva tenga cierta predisposición genética pero el AMBIENTE ejerce un papel determinante. Probablemente estos niños hayan sido sometidos a la deprivación emocional completa, nunca hayan aprendido lo que es la empatía, habilidades sociales y comunicativas, incluso cívicas. Es probable que hayan aprendido que para satisfacer las necesidades básicas (cobijo y alimento) tienen que agredir (la gente también le agrede a ellos, por qué ellos no).

No, no han nacido para el mal. Nadie nace para el mal. Han sido sometidos a circunstancias extremas, les han enseñado a sobrevivir de esta forma tan cruel. SI EXISTE TRATAMIENTO posible con estos niños. Aunque se ha demostrado que el castigo no es efectivo (porque no consiguen asociar facilmente el acto con la inmoralidad), sino más bien programas centrados en el refuerzo, habilidades sociales y comunicativas, técnicas de control para la ira, programas de economía de dichas, empatía y un entorno que los proteja de toda esa miseria. Estos niños requieren mucho tiempo, dedicación y muchísimo cariño. Al final, son niños (como diría mi querida amiga).

Y cuando consideras todo esto motivante, resulta que has descubierto tu vocación

Caspi A, McClay J, Moffitt TE, Mill J, Martin J, Craig IW, Taylor A, Poulton R (2002) Role of genotype in the cycle of violence in maltreated children. Science 297: 851–854

Viding E, Blair RJR, Moffitt TE, Plomin R (2005) Evidence for substantial genetic risk for psychopathy in 7-year-olds. J Child Psychol Psychiatry 46: 592–597

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Autor: Lorena Álvarez

Licenciada en psicología por la universidad de Santiago de Compostela. Me especialicé con estudios de máster en psicología clínica y también organizacional. He trabajado siempre en campos relacionados con la psicología, tanto a nivel nacional como internacional. Mi especialidad es la psicología cognitiva, aplicada a contextos de educación y aprendizaje, área en la que continúo formándome. Actualmente trabajo como orientadora y colaboro en diferentes proyectos de desarrollo a nivel internacional. Mis aficiones son la escritura y arte, he colaborado en algunos proyectos de producción literaria así como artística. También me apasiona la ciencia, filosofía y la antropología. Mi pasión es el conocimiento de la conducta humana, viajar y descubrir nuevas culturas y formas de vida me ha permitido comprender la diversidad y los entresijos de la existencia. Me encanta trabajar con y para las personas, y eso es lo que mantiene motivada y entregada a las pequeñas cosas a las que dedico mi tiempo cada día.

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